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Me voy

Pese a que el título del post podría preceder a un texto de lo más sugerente, nada más lejos de la realidad. Como diría Julieta Venegas, me voy, qué lástima, pero adiós. No obstante, como diría Jorge Drexler, sobre todo creo que no todo está perdido. Parafraseando también a mi amigo Álvaro Fraile, bitácoras me ha enseñado una cosa: "caer para aprender, aprender a levantarse", así que me mudo, la comunidad de blogalia me acoge en su seno, y yo como buena neonata, procuraré dar poco la coña, mamar a mis horas, y dejar dormir a mis padres.
Ésta es mi nueva casa . Si pasáis por allí, seréis bienvenidos.

Palabras para el blogcionario: realidad, adiós, amigo, cosa, caer, aprender.

A la misma hora

Números pares, impares e idiotas
son dos/dos/cuatro en las efemérides
que oculta el jardín de las Hespérides.
Todos los días, el de la marmota.

Veinticuatro, siete, treinta, y doce.
Trescientos sesenta y cinco y rima
fácil si no es bisiesto. Anima
saber que el resto no se conoce.

Más vale lo malo desaprendido,
que el futuro inerte que vaticina
un pasado que ignora la ignorancia.

Más vale olvidarse del olvido,
saludar al salir a la vecina
vida: la muerte desde la lactancia.

Palabras para el blogcionario: número, dos, bisiesto, futuro, resto, muerte.

En línea

Martina está tendiendo la ropa recién sacada de la lavadora, antes blanca y ahora rosa debido al tanga rojo que formaba parte de la colada, y que no vio al introducir la ropa en el tambor. Suena en una habitación del norte de Cáceres un vinilo con la polonesa heroica de Chopin, y justo dos compases antes de llegar a la parte en la que vuelve al tema principal, se ralla. Mientras está teniendo un orgasmo, Sara recuerda de repente que su padre ha muerto hace tan solo dos horas. Luis lee en la cama sin poder concentrarse, da un trago más a su copa de vino, arranca la página del libro que estaba leyendo, la corta en pequeños trozos, la moja en el vino, y se la traga. María piensa que se lo tiene merecido, mientras ni siquiera intenta esquivar los golpes de Antonio. Pablo no ha podido aguantarlo, y se ha hecho pis en la cama. Asustado, reza para que su madre no le regañe. Roberto está de camino al flowers, mientras va pensando en lo miserable que se siente por no ser capaz de tener sexo con alguien a quien no deba, o peor aún, quiera pagar. Agua hirviendo se derrama por encima de la vitrocerámica de una cocina de aire minimalista en cuyo fregadero hay trece platos de postre sucios. Por mucho que lo intenta, Carmen no puede dormir, da vueltas en la cama, y termina acudiendo a los somníferos de turno. Se toma las dos pastillitas de siempre, y de regalo otras veinte. Carlos acaba de tener un gatillazo. Cristina se prepara un café soluble, abre el sobrecito y es dorado. El premio caducó hace tres días. Se acaba de romper la sexta cuerda de una guitarra acústica que estaba siendo tocada por un tipo que la robó hace cuatro días. Ernesto observa, con cuidado para no ser descubierto, cómo su vecina de enfrente tiende la última prenda de su colada, un tanga rojo. Esta vez la actividad cotidiana de su partenaire de tendedero no ha cumplido sus expectativas: nada de colocarse las pinzas en la boca, ninguna gota que salpique su camiseta escotada, y la cantidad de ropa interior tendida más bien escasa. Pero nada de esto le importa a Ernesto mientras sea capaz de sentarse a escribir todo lo que ha sucedido en el sustrato de su imaginación cuando él sólo era capaz de mirar absorto a Martina.

Palabras para el blogcionario: vino, premio, cama, guitarra, rojo, escribir.

Del verbo y las personas

Hace ya unos días, hablaba con Cluje de la diferencia entre un poeta, y un buen letrista. No infravaloro ninguna de las dos profesiones, y me cuesta bastante verbalizar la diferencia, pero para muestra un botón:

AUNQUE SEA UN INSTANTE

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.

Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.
Se olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.

Así que cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos incovando el pasado
-invocando un pasado que jamás existió-

para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a neustra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.

Gil de Biedma

Palabras para el blogcionario: pasado, sudor, vacío, vocación, dignidad, esconderse.

Como lágrimas en la lluvia

Mi amiga (póngase aquí el nombre que se quiera) (vamos, es ficción ¿que más da que el nombre lo ponga yo o tú?) me ha llamado al móvil desconsolada. Después de tranquilizarla durante veinte minutos, entre sollozos ha conseguido pedirme que vaya a su casa, que necesita hablar así que yo, rauda y veloz, o mejor dicho, todo lo rauda y veloz que puede ser un ser asmático, fumador, y encleque, salgo a las tres y media de la mañana de casa agarrándome el bolso y dando gracias a los padres de mi amiga por seguir viviendo en una casa a dos manzanas de la mía.

Cuando llego, mi amiga me abre la puerta, me abraza, me invita a pasar, y en ese instante me doy cuenta de que ésa no es su casa, ahora se trata de una mezcla entre el decorado de Mujercitas y el de Abierto hasta el amanecer: una botella de whisky a medias, la caja de lexatin, el cenicero lleno de colillas, una caja de bombones arrasada, una mantita, y un pijama de ositos dentro del cual se esconden las lágrimas de mi amiga, porque con lo que le está cayendo de los ojos ya ni se la ve.

Me siento a su lado, y me sirvo de su whisky sólo de forma altruista (si me lo bebo yo, no se lo bebe ella, y evitamos el coma etílico) (y no, no vale tirarlo por el fregadero, que hay niños que se mueren de sed). Después de mirarla con mi registro más tierno, le pregunto: bueno, ¿me lo vas a contar o voy a quedar como que sólo he venido a tu casa a emborracharme un martes por la noche? Me habla de lo mal que se siente, de que no encuentra sentido a su vida, repasamos uno a uno todos sus traumas infantiles, todos aquellos chicos que la dejaron porque estaba demasiado gorda o demasiado delgada, y hasta recordamos aquel día en que se cayó rodando por las escaleras del colegio y se llevó por delante a medio profesorado perdiendo por el camino la falda del uniforme y el respeto de todos los que la vieron pegársela.

Todo esto no fue más que la introducción que sufrió nuestra conversación hasta llegar al punto clave de este bajón que le ha entrado. Cuando llegábamos a ese momento me iba a salir un ¿por qué? Pero me lo aguanté, ya que sé de sobra que mi amiga me cuenta los porqués cuando no lo parecen, en el momento en el que lo parecen se convierten en causas demasiado nimias para desencadenar ese ataque existencialista. Y como me aguanté el ¿por qué? me lo contó: el pintauñas de la uña del dedo meñique del pie izquierdo se le estaba levantando, y ya no fabricaban su color marrón chocolate, que se había convertido en marrón tabaco. Mi amiga es consciente de que tiene un trabajo fantástico, un novio estupendo, unos amigos que la adoramos, una familia que es una piña, y, por encima de todo eso, se tiene a ella, inteligente, guapa, sensible, sociable, en fin, un primor. Sin embargo, no puede evitar pensar en su dedo meñique, indefenso, solo, distinto de los otros nueve, marginado, y le llama Pau, porque es el único blanco que conoce de la NBA. Ella tiene que tener la culpa de que Kobe ahora sea Pau, y se siente hecha una mierda.

Me quedo a dormir con ella, y al día siguiente le hago un regalo: un bote de pintauñas marrón chocolate. Ella sonríe maliciosamente, y me lo agradece mientras piensa: gracias a la maldita zorra esta, ahora tengo que buscar otra cosa por la que quejarme. Y yo sólo pienso en lo fácil que es rellenar su bote antiguo de pintauñas marrón chocolate del pintauñas de un bote de marrón tabaco.

Moraleja: bienaventurados los que nos mordemos las uñas...

Palabras para el blogcionario: escaleras, falda, chocolate, tabaco, uña, culpa.

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